IMPRESIONES SOBRE MI PARIS-ROUBAIX
Voy a tratar de explicaros, brevemente y sin cansaros, mis impresiones sobre la que es, según Jacques Godet, “la última locura del ciclismo”. La Paris-Roubaix.
Llegué a Paris con mi bici, mis ilusiones y mi novia Carein como compañeras.
Optamos por alojarnos en Senlis, precioso pueblo situado a tan sólo 15 min. de la capital francesa.
Primeramente, quiero deciros que, esta es una prueba para ciclistas, porque
si no se se es ciclista, se ama a este deporte y sabes lo que significa esta
prueba en el mundillo ciclista, es imposible
disfrutarla y terminarla.
La Paris-Roubaix, para cicloturistas, sólo se celebra cada dos años,
con objeto de no dañar en exceso el protegido pavé;
(por cierto hay una asociación llamada “Amigos
del pavé” que defiende estos caminos y vigilan que no se asfalten
o alquitranen los tramos).
En esta prueba tenemos varias opciones. Una variante larga con 267 km., que yo realicé, una intermedia y una última más corta.
Aquí no hay ganadores, ni te controlan el tiempo, aquí solo se sabe que la salida es de 4:00 a.m. a 7:00 a.m. y tú eliges... mientras más tarde salgas más tienes que correr porque te van cerrando los controles por detrás...
En cuanto a la duración puedo deciros que empleé una 9:30 horas, para que os hagáis una idea.
Me gustaría explicaros todas mis sensaciones a lo largo de la prueba pero sería casi imposible y por más que las explicase quizás no fuese capaz de transmitíroslas como yo las percibí. Así que sólo me voy a centrar en tres momentos, creo yo, los más emotivos de esta “aventura”.
1º.- SALIDA DE LA PRUEBA.-
2º.- BOSQUE DE AREMBERG.-
3º.- VELODROMO DE ROUBAIX.-
SALIDA DESDE CAMBRONNE.
Tomé la salida sobre las 6:00 a.m., con la intención, además de la de terminar la prueba, de abrir todos mis sentidos y disfrutarla metro a metro, pavé a pavé... difícil ... ¿no?, y más cuando hablamos de este tipo de pruebas. Pues la verdad es que no, luego resultó que, conforme avanzaba la prueba, tenía la sensación de estar como tomándome, copa a copa, una botella de un maravilloso vino.
Poco a poco se me acababa, sin hartarme, y no sabía cuando iba a probar otro vino igual, quizás nunca...
BOSQUE DE AREMBERG.
Giro a la derecha, sobre el km.160, y allí estaba, majestuoso, una recta de unos 2400 m. todo pavé, a sus orillas unos 20 cm. de gravilla (la salvación para algunos) y a continuación, a ambos lados, unos altísimos árboles, testigos mudos de muchos sufrimientos, duros momentos, caídas, y de menos alegrías...
Mis compañeros de la “grupetta”, en la que iba metido, sucumben ante la tentación de la atractiva gravilla, yo dudo, pero... “sería una vergüenza no hacerlo por el centro, por el lomo del pavé... hubiese sido como echar pié a tierra en Alpe D´Huez... o en el Koppenberg... y hasta ahora no había hecho ninguna de las dos cosas, así que... por lo menos a intentarlo...”
El pavé está horrible, a mitad de este bosque de los horrores, empiezo a sentir mis riñones y trato de entender a mis compañeros de grupo... pero no desisto, con el consiguiente sufrimiento, equilibrio y voluntad, consigo terminar por el pavé. Cuando llego al final de este tramo cual es mi sorpresa cuando me encuentro con un gentío que, desde lejos, vigilan a quienes hacen el bosque bien y a quienes sucumben y circulan por las orillas... Para los primeros, aplausos, ánimos, agua... para los segundos, simplemente la indiferencia... ¡ Qué premio tan inesperado... hay quien te comprende !.
LLEGADA AL VELODROMO DE ROUBAIX.
Después de un “reconocido” giro a la izquierda, enfilo la entrada al “velódromo”. A la primera persona que veo es a mi novia, que se ha situado junto a la entrada... un saludo, y luego... la alegría, la satisfacción, UNA VUELTA en este emblemático lugar... una vuelta dedicada a las personas que me han apoyado en la dura preparación, en la planificación del viaje, en la puesta a punto de la bicicleta, a las personas que quisieron estar y no pudieron, a las personas que me aficionaron a este maravilloso deporte...
También me guardé mi parte para mí, y me emocioné pensando en los días de gloria que allí se han debido vivir. A mi cabeza vinieron nombres como Merck, Hinault, Godefroot, Kelly, Van Looy, Musseuw, Tafi, D.Lasalle...
Y la sensación que me quedó, después de todo, es que esto es maravilloso, y que se me ha acabado esta botella de buen vino que me estaba tomando...
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La verdad es que si el año que viene no hago una prueba con pavé, lo echaré de menos.
Ya sólo me queda invitaros a que lo intentéis en una prueba de este tipo, os gustará o la odiareis, pero no os dejará indiferentes.
David Gallego.

*Os
he acompañado las fotos de los vestuarios porque es un sitio emblemático.
Año tras año, aquí “reposan los guerreros”...
se curan sus heridas, se quitan el barro... cada tabique de granito tiene una
placa conmemorativa de un ganador de la prueba.
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