Y como estaba previsto... "Hicimos la luna".
Puntuales a la cita, a las 21:45 del pasado viernes 8 de Septiembre, fuimos
llegando al cruce de Zahara de la Sierra los ciclistas que habíamos
decidido hacer la subida nocturna a Las Palomas.
Novias, esposas, y otros acompañantes
nos servirían de animadores y apoyo.
Bajamos las bicicletas de las bacas y furgonetas.
Caras sonrientes, saludos, cambio de impresiones...
Colocadas las zapatillas, cascos, luces, últimos retoques,... todo
a punto y, como habíamos planeado, un grupito de ocho “locos”:
José Manuel Rosado, David Gallego, Antonio Garrigós y su
hermano Abel, Andrés, Alonso “el pastelero”, su cuñado
Luís M. y el que os lo cuenta, Paco Fdez. Gamero, cinco minutos
antes de las 22:00 horas, comenzamos la subida.
Nuestra compañera y la que debía ser aliada, la luna, no
aparecía, se escondió tras una capa de nubes que impedían
en muchos momentos que su suave luz bañara la carretera y el pantano
pero nuestras lucecitas y las de los coches que nos precedían y
seguían fueron suficientes para hacer cómoda la subida.
Fue curioso ver el asombro de los coches que nos cruzamos, incluido el
de la Guardia Civil, y el paso por las terrazas de Zahara que dan
a la carretera desde donde fuimos fuertemente aplaudidos por el personal
que allí tomaba sus cervecitas “al fresco”...
Como también estaba decidido íbamos en grupo marcando un
ritmo alegre pero muy soportable que de vez en cuando alguno, guiado por
sus ganas y la novedad, intentaba romper aunque, después de algunas
llamadas al orden, el “pelotón” recobraba su integridad...
Luces blancas y rojas parpadeantes indicaban en cada momento por dónde
circulaba el pelotoncito... Conversación alegre y distendida, bromas,
unas sensaciones raras pues, aunque conocemos el puerto y sabemos por donde
circulamos, no se aprecian visualmente las rampas. La verdad es que se
hizo corto y relativamente fácil...
Comentamos lo agradable que iba transcurriendo el momento en la calurosa
noche y cada uno a su manera vivió las nuevas sensaciones de calma,
oscuridad, intimidad,... también asaltó mi pensamiento algo
que frecuenta las cabezas de los ciclistas en momentos extremos y que ahora
me provocaba unas intermitentes sonrisas: ¿Estaremos locos...?.
Cuando nos vinimos a dar cuenta estábamos arriba... y entonces pensé que
habíamos subido demasiado rápido. Duró un instante.
Todos comentamos que un momento tan mágico debería haber
sido más prolongado...
Comentarios, saludos, enhorabuenas... abrimos unas botellas de sidra y
brindamos ciclistas y acompañantes cuando nos hacíamos unas
oscuras fotos que sirvieran de recuerdo testimonial de esa nueva experiencia,
perseguida por algunos durante mucho tiempo y que por fin se hizo realidad,
esperando que no fuese la última...
Montamos en nuestros coches y volvimos a Ronda que, ajena a todo, seguía
viviendo su feria.
Paco Fdez.Gamero. |